lunes, 16 de mayo de 2016

EL TRABAJO BAJO PRESIÓN, ¿PUEDE RESULTAR DAÑINO PARA LA SALUD?




¿Puede resultar dañino para la salud trabajar bajo constante presión?


¡Yo contestaría que sí! ¿Vosotros que creéis?

Hace un tiempo descubrí a través de las redes sociales a Víctor Kupper, un auténtico crack que en 10 minutos de conferencia transmite una energía y un buen rollo increíble acerca de cómo tomarnos la vida.

Actualmente estoy leyendo su libro y es genial la forma en que expone que “hay que vivir la vida con sentido”. Aporta una enorme inyección de energía, sensatez y optimismo, que por lo menos hace que te pares a pensar y medites acerca de tu realidad.

Según Víctor (cito textualmente): “vivimos en una época en la que todo es para ya y en la que vamos demasiado rápido. Caminamos rápido, conducimos rápido, hablamos rápido, comemos rápido. Eso no lo vamos a cambiar, pero si podemos, ante este entorno, reivindicar espacios para parar, para pensar, para no ir como pollos sin cabeza por la vida. Pararnos debería permitirnos darnos cuenta de lo que es importante, saber diferenciar entre lo prioritario y lo secundario. Y lo importante son siempre nuestras relaciones personales más importantes, la familia, los amigos. Al final, lo más importante en la vida es que lo más importante sea lo más importante, y es responsabilidad personal de cada uno saber ordenar y equilibrar su vida en un entorno que no ayuda pero que no vamos a cambiar individualmente. El estrés, la ansiedad y la depresión nos dominan cuando nuestra vida es descontrolada y sin sentido. Cada uno tiene que encontrar el sentido en su vida y que éste sea la brújula que le ayude a no perder el norte en un entorno de locos y chiflados. La única vida que tiene sentido es una vida con sentido, y el sentido de la vida se encuentra si uno busca momentos de silencio, de pausa, de reflexión.”

Y es que hoy en día, es cierto, ¡vivimos acelerados y bajo mucha presión!, diría que prácticamente en todos los entornos de nuestra vida.

Actualmente el ambiente laboral demanda mayor demostración de competencias. La fuerte presión de: “hay cientos de personas esperando la oportunidad que tú tienes” es evidente y condiciona ciertos aspectos laborales. 

El trabajo bajo presión es el pan nuestro de cada día con el ritmo de vida que nos demanda el entorno. En la actualidad, la capacidad de trabajar bajo presión se ha convertido en requisito preciso e imprescindible a la hora de seleccionar a un candidato, se presenta como una virtud a tener muy en cuenta

En mi opinión, el trabajo bajo presión, a la larga puede implicar resultados negativos. No quiero decir con esto que no sea capaz de trabajar bajo presión y que descarte hacerlo. Evidentemente siempre existirán momentos de tensión y de cumplimiento de plazos, pero considero “peligroso” que se convierta en rutina diaria. El desarrollo de toda tarea o actividad de tipo laboral ya implica una dosis con mayor o menor presión, generada por la incertidumbre sobre el éxito o fracaso que constituya el resultado. Un buen trabajador aplica el grado de responsabilidad que ha de emplear en sus funciones y trabaja por sacar delante de la forma más eficiente su trabajo.
Considero que la mayoría de las veces ese grado de presión aumenta cuando de repente parece ser que el trabajador tiene súper poderes, 30 manos y 4 cerebros para hacer que todo suceda en el momento preciso en que se pide. Y es que entre otras, la falta de inversión en recursos humanos carga al escaso recurso que tengas.

Sin embargo, los responsables de algunas empresas deben entender la presión como un método en sí mismo para aumentar la productividad o rentabilidad de sus empleados.

La “manía actual” de demandar profesionales senior para puestos junior, con salarios junior y cargarlos de responsabilidades y de trabajo, a la larga también repercutirá de forma negativa en su rendimiento, en su motivación y en su autoestima, repercutiendo por tanto en los resultados deseados de las empresas. Esto a su vez genera un impacto negativo tanto en la compañía como en los clientes de ésta.

El hecho de que considere que trabajar bajo presión pueda implicar resultados negativos, es porque por ejemplo,  hoy en día, y cada vez más, dado el escenario laboral en el que nos encontramos, se aumentan los niveles de exigencia con la misma recompensa por la labor realizada, incentivo entendido no sólo en su aspecto económico sino además conciliador y emocional, provocando una situación de insatisfacción que, evidentemente, repercute de forma negativa en su rendimiento.

Otro peligro de aumentar y aumentar las cargas de trabajo, limitar los plazos y cargar de responsabilidades, genera una presión al empleado, que puede repercutir en un clima de tensión en lo que a las relaciones personales y laborales se refiere. Cuanta más presión domina nuestra tarea, más propensos podemos ser a expresar malas contestaciones, a discutir con los compañeros, a bloquearnos sin saber hacia dónde ir y no alcanzar nuestro objetivo, llegando incluso a no gustarnos y ver como una tortura nuestro trabajo...alcanzado ese punto, es bastante complicado rendir como un empleado con motivación e ilusión. 

No obstante, y dado que no se puede generalizar, no voy a ser tan crítica con todas las empresas, puesto que no todas gestionarán su actividad y sus recursos de la misma forma. Hay empresas que por supuesto tienen una irreprochable organización y una estupenda política de RRHH, en las que aunque la carga de trabajo sea elevada, cuidan a sus trabajadores y recompensan su valía de forma justa, por su formación, experiencia, funciones desarrolladas, competencias y logros obtenidos; esto ya supone una inyección de motivación que junto con la pasión por su trabajo hace que el trabajador marque la diferencia y vaya en sintonía con la empresa.

He de decir también, que en nuestra mano está la forma de gestionar la ansiedad generada por la carga del trabajo y saber hasta dónde podemos llegar. Hoy en día, como he comentado y como dice el crack Víctor Kupper, esto no lo vamos a cambiar, pero es responsabilidad personal de cada uno saber ordenar y equilibrar nuestra vida en un entorno como el actual. No podemos dejarnos dominar por el estrés, la ansiedad y la depresión… ¡hemos de tratar de cambiar el chip!
Debemos aprender a canalizar esa ansiedad generada por la presión, transformarla en positivo y aprender de ella.

Aun así para finalizar el post, saco de nuevo mi vena reivindicativa, que quizá no gusté y no sirva de mucho, pero para mí es justa y canalizadora.

¡Los empleados son la base de la gestión y los resultados de las empresas, por lo que son de vital importancia y el recurso más preciado, así que para poder fidelizar clientes, primero se debe comenzar por fidelizar a los empleados!